Capitulo 2. Darle paracetamol a un perro...
- Aramís
- 9 ago 2019
- 3 Min. de lectura
Actualizado: 13 ago 2019
El día de hoy parecía ser un día tranquilo.
Llegó Rufo a consulta. Se veía mal. Tenía muchas heridas por todo el cuerpo. Mis humanos hacían una serie de preguntas mientras lo revisaban. Rufo se había peleado con sus hermanos por que una hembra de la manada había entrado en celo. Ninguno de ellos estaba operado para no tener cachorros y estaban solos cuando sucedió así que pelearon hasta que hubo un vencedor.
Le pregunte a Rufo << ¿te duelen mucho las heridas?>>. <<No tanto como mi panza, ese dolor si me está matando, el ardor es insoportable, tengo muchas náuseas, no puedo parar de vomitar, me siento débil, ni siquiera puedo moverme😢>>. Y el entró en una especie de sueño profundo. Ya no contestaba. Mis humanos se veían preocupados.
Escuchaba con atención las preguntas que le hacían ¿Hace cuanto sucedió esto? tres días. Pero hubo una que era clave... <<¿Le han dado algún medicamento?>> <<Sí, una tableta de naproxeno con paracetamol cada 12 horas, por los tres días y violeta de genciana en las heridas>>. ¡¡Con razón Rufo parecía haber ido al color fest morado!! Y mis humanos le explicaron de la manera más amable, aunque yo podía percibir que estaban molestos, que ese medicamento que le dieron es tóxico aún en pequeñas cantidades, que era probable que tuviera una herida dentro de su panza que estuviera sangrando, y que su hígado y riñones estuvieran dañados.
Mis humanos buscaban una tras otra pata, una vena para poner la manguera que mete el agua en su cuerpo, pero no las encontraban. Decian que no habia presión suficiente. Intentaron en su cuello y tampoco se veia una vena. Le hicieron una joroba en el cuello con agua y después pudieron encontrar una vena.
Le pusieron inyecciones en la manguera.
Mientras Rufo estaba parado junto a su cuerpo, no en carne y hueso sino su imagen pero desvanecida como transparente, le pregunte <<¿ya quieres trascender?>> a lo que el respondió <<No. Aun soy muy joven, tengo 10 meses, aun quiero jugar y romper cosas, soy fuerte debo de salir adelante, quiero mucho a mi humana y ella a mi, no puedo irme aún>>. Le dije <<está bien, yo te acompaño mientras pero procura no irte muy lejos de tu cuerpo. Mantente cerca>>.
Transcurrieron un par de horas y Rufo volvió a entrar en su cuerpo. Pudo beber un poco del jarabe que le dio mi humana y un poco de comida. Todo parecía ir mejor. Pasó la noche sin vomitar. Pero en la mañana comenzó tener unos movimientos raros en su cabeza y a salir sangre de su colita. Rufo se volvio a salir de su cuerpo. <<No puedo controlarlo, trato de regresar pero no me quedo ahí, además cuando estoy ahí en mi cuerpo, me duele mucho>> me dijo lleno de miedo y de frustración. Le dije que investigaría lo que sucedía. Puse atención a lo que mis humanos hacían y decían. Iban a hacer estudios para saber lo que pasaba en su sangre. Los lamentos de Rufo no cesaban. Ya no reaccionaba a los estímulos.
Estaban esperando los resultados de la sangre de Rufo cuando el dejó de respirar. El cordón que lo ataba a su cuerpo se volvía mas delgado. <<Aramis, ¿ese es tu nombre verdad? ¿Cómo es del otro lado?>> <<Es hermoso. No hay dolor, todo es luz y amor, no temas Rufo, cuando tu cuerpo físico ya no puede sostenerse más, es lo único que te queda>> le dije. <<Adiós amigo. Gracias por acompañarme. Dale un lenguetazo a mi humana. La voy a extrañar >> me dijo con tristeza y una gran desolación.
Mis humanos intentaban por todos los medios mantenerlo con vida. Su corazon dejo de latir y el cordón de luz que lo mantenía atado a su cuerpo se desvaneció. Rufo se empezó a llenar de luz y se elevó hasta un punto donde ya no pude verlo.
Mis humanos estaban muy tristes también. Le hablaron a su humana. Ella llegó poco después, con la mirada llena de lagrimas cuando vio el cuerpo de Rufo. Lo abrazó y lloró junto a él. Los resultados habían llegado para entonces. Su hígado y sus riñones estaban dañados severamente. Su cuerpo ya no pudo compensar ese daño. Su humano trataba de justificar con varias razones lo que habia sucedido, ya que él fue el que decidió medicarlo. <<No, ninguna de esas opciones son señor. Espero que pueda entender el daño que le ha hecho a su perro al medicarlo con algo que no debía, para que no lo vuelva a repetir >>, contestó mi humana con firmeza.
Y Rufo se fue a casa...

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